Vivir bajo la amenaza de Boko Haram

23/03/2015 (08:57)

Jèssica Martorell

Nairobi, 23 mar.- Más allá de los muertos y desplazados que causa Boko Haram en Nigeria, queda la vida de los que deciden resistir en el norte del país, el bastión de los terroristas, bajo una amenaza constante que está empobreciendo una gran parte de la mayor potencia económica de África.

El próximo día 28, si no media otro inesperado aplazamiento como el que impidió los comicios del pasado 14 de febrero, los ciudadanos de esta zona, considerados casi de segunda por el Gobierno, también participarán en la elección de un nuevo presidente.

Los yihadistas aterrorizan a los más de 10 millones de personas que viven en los estados de Borno, Yobe y Adamawa, donde controlan amplias zonas y cometen atentados y secuestros casi a diario, por lo que el futuro de esta región es cada vez más desolador.

"Los insurgentes dicen que están instaurando un estado islámico o califato en las zonas bajo su control, pero lo que realmente están haciendo es saquear las ciudades", explica a Efe el analista nigeriano del International Crisis Group Nnamdi Obasi.

Muchos residentes que han logrado escapar de los ataques han relatado cómo los terroristas se apoderan del ganado y los suministros de alimentos, lo que está arruinando la economía -basada principalmente en la agricultura- y destruyendo el tejido social de la región.

Mientras, en las áreas que no están bajo control de los yihadistas, "la gente tiene incluso miedo a salir a los mercados (objeto de múltiples ataques terroristas) y un gran número de personas ya no son capaces de satisfacer sus necesidades básicas de alimentos", apunta Obasi.

A pesar de los abundantes recursos humanos y naturales que posee el país, el desempleo en el norte sigue aumentando y la frustración está creando un terreno fértil para el reclutamiento de nuevos terroristas.

"Cuando tienes tantos jóvenes vagabundeando, sin educación, sin cualificación, desempleados, pobres y frustrados, es mucho más fácil que cometan delitos o se unan a diversos grupos armados, impulsados por ideologías religiosas, étnicas o incluso comunitarias", advierte.

Otras veces, sin embargo, los residentes no tienen elección: o se unen a las filas de los insurgentes o son asesinados.

La educación es otro de los sectores más castigados por Boko Haram que, solo en Borno ha destruido cerca de 900 escuelas y ha asesinado a 176 profesores en los últimos tres años, según datos del Gobierno local.

Recientemente, la Agencia Nacional de Gestión de Emergencias informó de que, a finales del 2014, más de 120.000 estudiantes no podían ir a la escuela debido a los ataques terroristas.

"Las autoridades han ordenado el cierre de escuelas por razones de seguridad", confirma a Efe el responsable de comunicación de Unicef en Nigeria, Geoffrey Njoku.

Precisamente Boko Haram, que en lenguas locales significa "La educación no islámica es pecado", cobró notoriedad internacional en abril del año pasado con el ataque contra una escuela de Chibok, en el estado de Borno, en el que secuestró a más de 200 niñas que todavía siguen desaparecidas.

Según explica Njoku, las escuelas están abiertas sólo en ocho áreas del Gobierno de Borno, mientras que en las zonas más afectadas por las acciones insurgentes y militares permanecen cerradas desde hace meses.

La vulnerabilidad de los niños es extrema en la región, donde muchos de ellos han perdido a sus padres y hogares o han sido testigos de múltiples atrocidades como la decapitación de personas.

"Incluso algunos han sido capturados por los insurgentes y obligados a unirse a sus filas como niños combatientes", explica Obasi.

Además, en los últimos meses Boko Haram ha aumentado el uso de niñas como arma de guerra, empleándolas para cometer atentados suicidas.

Ante esta situación, muchos residentes solo ven como única alternativa abandonar sus casas y huir. Ahora, 135.000 nigerianos se refugian en Níger, Camerún y Chad, y hay unos 850.000 desplazados internos.

Pese a ser un problema nacional, el terrorismo ha sido el gran ausente durante la campaña electoral del presidente, Goodluck Jonathan, que lucha por la reelección pese a las numerosas críticas por la ineficacia de su Ejército para hacer frente al yihadismo.

Los analistas no contemplan que las elecciones ayuden a frenar la escalada de violencia, ya que los comicios se celebran en un momento de máxima polarización en el país, de mayoría musulmana en el norte y predominantemente cristiana en el sur.

"Sea cual sea el resultado de las elecciones, los líderes nigerianos y la comunidad internacional tendrán que trabajar muy duro para evitar una nueva escalada de violencia en el país", apunta Obasi. EFE

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