Galicia, capital de la cultura oriental con bonsáis centenarios

04/10/2014 (16:45)

Patricia Pernas

Val do Dubra (A Coruña), 4 oct.- Bonsáis únicos por su singularidad y su antigüedad, en algunos casos superior a los dos siglos, convierten a Galicia, que celebra un congreso sobre estos ejemplares, en la capital de un arte oriental que atrae tanto a aficionados como a coleccionistas.

Durante este fin de semana, Bembibre monopoliza las actividades del Congreso Gallego del Bonsái, una iniciativa que reúne, en la capital del municipio coruñés de Val do Dubra, a expertos y a aprendices de esta práctica, que tiene su reflejo en una exposición con más de 50 muestras.

Esta disciplina del bonsái deriva de una antigua costumbre horticultural china, parte de la cual fue posteriormente desarrollada bajo la influencia del budismo Zen durante varios cientos de años.

Ciñéndose a la historia se comprueba que después de su nacimiento en China hace más de un milenio, cuando su nombre era simplemente Pun-sai, se trasladó a Japón durante el siglo XII, y allí se perfeccionó y evolucionó hasta lo que conocemos hoy en día.

Su traducción al español es ‘plantación en una maceta’ y sus creadores y practicantes aseguran que simboliza la armonía y el balance entre la naturaleza, el hombre y el alma.

El responsable del evento gallego, Alberto Baleato, explica, en conversación con , que todo surgió de la nada, cuando hace once años, tomando algo con amigos, leyó en un libro trazos y aspectos de una cultura que lo embaucó desde un principio y por la que decidió apostar.

Enfermero de profesión, Baleato relata que desde entonces empezó a viajar a países como Japón e, incluso, Italia para enriquecerse y nutrirse de una cultura milenaria que esconde un sinfín de secretos.

Ahora, este adorador de los bonsáis, que abrió una tienda en esta pequeña localidad coruñesa, espera que este certamen se convierta en una referencia tanto a nivel autonómico como nacional.

Baleato indica que la edad de los bonsáis, en esta exhibición los hay que alcanzan los 250 años, se mide de tres maneras diferentes: la real, que son los años desde los que nació la planta; la edad como bonsáis, que se empieza a contabilizar en el momento en el que se cultivan; y, por último, la edad que aparentan, ya que un bonsái muy joven puede parecer de una edad mayor y viceversa, y todo ello sucede por las diferentes técnicas empleadas.

"A nosotros lo que nos interesa es que sean los más viejos posibles", apunta.

El elemento de la "meditación" es importante en esta disciplina, en la que hay tres requisitos vitales para la creación de una obra exitosa: la verdad, la bondad y la belleza, unas características que, cuenta la tradición, están presentes en todo árbol que dure cientos de años.

Practicar esta técnica ancestral tiene truco y nada queda al azar. Por ello, Baleato establece de nuevo tres puntos básicos para principiantes en este oficio, los cuales se deben cumplir al dedillo.

El primero, y más importante, incide, es que el bonsái es una planta de exterior, por lo que "no se puede meter dentro de casa"; además, se trata de un cultivo que necesita mucha agua, por lo que "nada de pulverizar", y, por último, un poco de abono.

"El resto es estética y ahí cada uno es más libre", señala, ya que hay diferentes técnicas, estilos y escuelas y otros factores que también cobran importancia como el color de la maceta o el tipo, ya que todo influye en el crecimiento de la planta y en su tiempo de vida.

"Las coníferas, por ejemplo, se plantan en macetas sin esmaltar, y los caducos o de fruto en macetas esmaltadas".

Baleato explica que esta práctica, por raro que parezca, es más común en hombres que en mujeres, una opinión que comparten el malagueño Salvador de los Reyes, el coruñés Luis Vila y el salamantino Julio Romo.

Reyes apela a la paciencia como la principal causa de esta peculiaridad, confiesa entre risas, mientras que Vila incide en el tiempo.

Romo, que lleva casi treinta años volcado con esta cultura, reconoce a que cuando "una creación o escultura" se muere es como perder a un familiar, y aunque "nunca llegué a llorar", las lágrimas sí quieren empezar a brotar, reconoce.

En la actualidad, los bonsáis se presentan por la cultura japonesa como un símbolo de su filosofía: la armonía entre el hombre, la naturaleza y el espíritu.

Así, cada año nuevo, en Japón, las familias exhiben un ciruelo en flor o un damasquero, decorados con adornos, ya que, aunque alguna vez esto solo fue para una elite, ahora es una cultura que se puede disfrutar por todos.

Galicia convive durante un fin de semana con el Ciprés de Hinoki, el Pino rojo, el Haya, el Arce de tres puntas, el manzano, el olivo, el Enebro o la Composición Shoin.

Junto a ellos, talleres de origami, cerámica, kárate, cocina japonesa, actividades infantiles, un mercadillo, la técnica del sumié -una pintura tradicional japonesa- y la ikebana -el arte floral japonés-.

Ahora, Galicia se une a una práctica arcaica que requiere de paciencia, amor y dedicación para construir una pieza cuidada al detalle.

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